Promueven el uso responsable de energía como respuesta a la crisis climática
Con el objetivo de generar conciencia en su comunidad, un equipo de ingenieras de UFLO Universidad midió la huella de carbono de la institución. Se trata de la suma de todas las emisiones de gases de efecto invernadero causadas directa o indirectamente por el consumo de gas natural y refrigerante, electricidad y gasoil. Las especialistas proponen alternativas de compensación.
Pese a que es discutido —cuando no negado— por algunos sectores de la población, el cambio climático es un fenómeno natural que ha llegado para quedarse. A la vista están sus drásticas consecuencias, desde olas de calor, inundaciones sin tregua, retroceso de glaciares, incendios trepidantes y pérdida de biodiversidad, entre otras alteraciones a nivel global.
Con el objetivo de actuar en consecuencia y concientizar a su comunidad acerca de la crisis climática, un equipo de investigadoras de UFLO Universidad midió su huella de carbono corporativa. Se trata de la suma de todas las emisiones de gases de efecto invernadero causadas directa o indirectamente por todas las actividades de una empresa, abarcando el consumo de gas natural y refrigerante, electricidad y gasoil.
Los resultados de este trabajo, que se realizó en las sedes Buenos Aires y Patagonia y forma parte de un proceso de eficiencia energética dentro de la institución, permiten identificar fuentes críticas y oportunidades de mejora. Argentina Investiga conversó con las responsables de esta actividad conjunta entre la Facultad de Ingeniería, la Dirección General de Sustentabilidad y los laboratorios Bioambiental de Diseño y de Bioindicadores y Remediación.
“El cambio climático es una realidad, es irreversible, entonces estamos en una etapa donde tenemos que tomar acciones de resiliencia”, sostiene Gabriela Iglesias, ingeniera ambiental y coordinadora del Laboratorio de Bioindicadores y Remediación. “En ese escenario, hay instituciones y convenios, y uno de los primeros pasos es medir la huella de carbono para ver cuánto impacta cada persona, cada organización y cada producto. UFLO, como universidad que tiene un compromiso ambiental, mide su huella de carbono para saber cuánto está impactando con el cambio climático y la crisis climática. Esto surge como parte de los proyectos y acciones que generamos con los equipos de los laboratorios para reducir esas emisiones”.
La especialista detalla que aún las actividades más cotidianas dentro de un espacio común pueden producir emisiones, de modo que esta iniciativa apunta a lograr un diagnóstico y brindar claves para reducir la circulación de estos efluvios: “Los gases de efecto invernadero son moléculas que quedan sobre la superficie terrestre y retienen más calor del que se debería. Es un proceso natural que cuando se generan más gases retienen más temperatura, y por eso se da el fenómeno del cambio climático. El dióxido de carbono, el dióxido de nitrógeno y el metano son, por su potencial, los principales gases de efecto invernadero, lo mismo que algunos gases de los aires acondicionados. Esos gases están principalmente cuando se quema combustible, es decir, cuando se usa un vehículo y cuando se genera energía. Si yo en mi edificio tengo una lamparita veinte horas prendida, generé veinte horas de gases de efecto invernadero. Pero si tengo un plan para dejarla solo diez horas, ahí reduje la mitad de los gases. Si tengo un vehículo y en vez de usarlo indiscriminadamente intento aprovechar cada viaje, reduje los kilómetros y las horas del motor encendido, entonces generé menos gases”.
Treinta vuelos de Buenos Aires a Madrid, dieciocho vueltas al mundo con un auto a nafta, veinte viajes ida y vuelta de un camión de Buenos Aires a Ushuaia: las equivalencias que utilizan las investigadoras para graficar los resultados de la medición —que fue de 187 tCO2e— pueden asombrar a quienes no estén familiarizados con estas temáticas, pero así y todo consideran que las emisiones no fueron del todo altas. “La huella fue relativamente baja, porque el tipo de actividad en la universidad no es un gran emisor de efecto invernadero. La universidad utiliza aires acondicionados y electricidad, pero tiene pocos vehículos, entonces su huella es baja”, precisa Gabriela Iglesias. “De todas maneras —agrega Ana Faggi, ingeniera, doctora en ciencias forestales y decana de la Facultad de Ingeniería— si calculamos la huella que emitimos quienes trabajamos en nuestra casa, creo que sería más alta que la de la universidad. Cada uno está gastando electricidad que nos ahorraríamos si estuviésemos veinticinco personas en un aula”,
Para la medición se aplicó la norma ISO 14064-1:2020, estándar internacional para inventarios de gases de efecto invernadero, y se realizó durante un año calendario, del 1° de enero al 31 de diciembre de 2024. El insumo del que se valió el equipo fueron las facturas de servicios utilizados, el relevamiento de equipos refrigerantes y la cantidad de gasoil consumido por los transportes internos de la universidad.
Aunque las cifras no fueron alarmantes, el grupo elaboró una serie de propuestas para hacer frente a la emisión de gases. Una de ellas es el programa “Mil árboles de UFLO”, donde promueven que los miembros de la comunidad universitaria planten sus propias especies a modo de compensación. “La idea de los mil árboles —explica Analía Figueira, ingeniera en ecología y coordinadora del Laboratorio Bioambiental de Diseño— es captar el dióxido de carbono para que mediante la fotosíntesis lo transforme en oxígeno. El proyecto es que haya voluntarios por parte de la universidad que, en caso de contar con un espacio verde, puedan plantar un árbol. La idea es georreferenciar cada árbol y ser responsables de cada uno, apadrinarlos, y continuar con un programa”. En la misma línea, Gabriela Iglesias agrega: “Hay dos formas de reducir los gases de efecto invernadero. Una es tomar acciones dentro las actividades para dejar de emitir, pero hay veces que no se puede dejar de usar el vehículo o la electricidad porque son necesarios, entonces lo que se hace frente a ese escenario es compensar. ¿Cómo lo hacemos? Generando proyectos que capten esos gases de efecto invernadero, por ejemplo, a través de los árboles. No puedo dejar a los alumnos sin proyector, pero frente a eso voy a plantar tres árboles y compensar”.
Otro caso es la bicicleta como medio de transporte, a lo que Analía Figueira sugiere: “Uno dejaría de usar un auto que tiene combustible fósil, es decir, fuentes de energía no renovables. De esta manera evitaríamos emitir dióxido de carbono a la atmósfera”. Y con respecto al consumo de energía eléctrica, la especialista recomienda la utilización de tótems solares, un artefacto por el cual los docentes, estudiantes y empleados de la universidad podrían cargar celulares y laptops a través de energía solar, además de reformas edilicias que mejoren el aislamiento térmico, mejorar carpinterías de las aberturas y tener en cuenta la orientación del edificio para favorecer al ahorro energético. Como primera medida de mejoras, se propone colocar sensores en los baños para que las personas no tengan que apagar la luz. “Pero por sobre todas las cosas —aclara— hay que sensibilizar y concientizar a los usuarios, por ejemplo, con un manual de buenas prácticas”.
“Nadie obliga a la universidad a medir su huella de carbono —concluye Natalia Arias, directora general de Sustentabilidad—, nadie la obliga a compensar. Justamente el problema con el cambio climático es que nadie obliga a nadie a hacer nada al respecto. Lo que estamos haciendo parte del plano voluntario y de la responsabilidad. Es nuestra primera aproximación. Además de enfrentar el cambio climático, medir la huella de carbono estuvo enfocado en mejorar la gestión ambiental de la universidad, de mostrar preocupación por estos temas y entender que no estamos pasando por el mundo sin dejar huella con nueve edificios, mil docentes y seis mil alumnos. En ese caso, una huella ambiental”.
Fuente: Argentina Investiga
