No me etiquetes

Por Andrés Wursten

Ideas del Litoral dialogó con una especialista sobre la Ley de Etiquetado y las modificaciones realizadas por el gobierno

La Ley de Promoción de la Alimentación Saludable (N° 27.642), más conocida como Ley de Etiquetado Frontal, irrumpió en las góndolas argentinas con un objetivo claro: brindar información sencilla y directa sobre los nutrientes críticos presentes en los alimentos envasados. Sin embargo, recientes modificaciones introducidas por el gobierno nacional han generado un intenso debate sobre su efectividad y el impacto en las decisiones de los consumidores.

Los beneficios del etiquetado frontal

A partir de la ley se comenzó a colocar sellos negros octogonales, que adevierten sobre el exceso de azúcares, grasas saturadas, grasas totales, sodio y calorías en los productos. Esta herramienta visual busca empoderar a los consumidores, permitiéndoles elegir opciones más saludables y fomentar la reformulación de alimentos por parte de la industria.

Rocío Bur Ahumada, docente en la Universidad de Concepción del Uruguay y representante del Colegio de  Nutricionistas de Entre Ríos en la Federación Argentina de Graduados en Nutrición (FAGRAN), considera que la ley es una estrategia útil ya que aporta de manera sencilla información sobre los nutrientes que tiene un alimento. Asimismo, sostiene que diferentes estudios demuestran resultados positivos de su implementación tanto para la sociedad como la competitividad de la industria: “las personas han disminuido el consumo de alimentos que contienen sellos. Lo que lleva a que los productos que no los tienen ganen cada vez más terreno en el consumo”.

Cambios que retrotraen la iniciativa

En diciembre pasado, el gobierno argentino introdujo modificaciones en la ley, especialmente en lo que respecta a la forma en que se determina la presencia de sellos. Ahora solo se consideran los nutrientes añadidos durante la elaboración del alimento, excluyendo aquellos presentes de forma natural en los ingredientes base. En palabras de la entrevistada: «se indicarán los sellos de aquellos ingredientes que se hayan añadido para elaborar el alimento. Es decir, un yogur que se elabora con la grasa propia del alimento base (leche), no tendrá el sello de «exceso de grasas», ya que la grasa no se le agregó»

Esta modificación plantea un interrogante crucial: ¿la información proporcionada por los sellos sigue siendo un reflejo de la calidad nutricional de los alimentos? La respuesta, según las personas expertas, es un rotundo no. Lo que se presenta es una información sesgada.

«El mayor efecto es que la información ya no es tan real, debido a que existen alimentos que tienen algunos nutrientes en exceso pero como no se los incorpora para obtener un producto, no se tendrán en cuenta. El impacto en los consumidores es que las elecciones alimentarias que se rigen en esta ley pueden ser inadecuadas», advierte Bur Ahumada.

En otras palabras, un producto puede contener niveles elevados de nutrientes críticos, pero si estos no fueron añadidos durante su procesamiento, quedarán ocultos a la vista del consumidor.

Imagen ilustrativa de Freepik (https://www.freepik.es/)

Un llamado a la reflexión

La Ley N° 27.642 que propone el etiquetado frontal representa un avance significativo en la promoción de hábitos alimentarios saludables. Sin embargo, las recientes modificaciones plantean desafíos que no deben ser ignorados.

Es fundamental que los consumidores estén informados sobre los cambios en la ley y que, en adelante, no confíen en la ausencia de sellos como sinónimo de un producto saludable. La lectura atenta de la tabla nutricional y la consulta con profesionales de la salud son herramientas clave para tomar decisiones informadas.

Asimismo, es imperativo que el gobierno y la industria alimentaria trabajen en conjunto para garantizar que la ley cumpla su propósito original: proteger la salud de la población y fomentar la transparencia en la información nutricional.

En un contexto donde las enfermedades crónicas –como la obesidad y la diabetes– representan un desafío creciente para la salud pública, la información clara y precisa es un derecho fundamental de la ciudadanía.

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