Abordar la historia de Malvinas desde diversas disciplinas

Por Redacción IDL

Un grupo de arqueólogos, un científico experto en clima y una antropóloga que centran sus trabajos en cuestiones relacionadas a las Islas.

El 2 de abril de 1982, las Fuerzas Armadas Argentinas desembarcaron en las Malvinas y comenzaron una guerra contra Gran Bretaña para recuperar las Islas. Fue la única guerra internacional de la que participó la República Argentina durante el siglo XX. A cuarenta y tres años de ese combate que duró setenta y cuatro días, en el que participaron casi veinticuatro mil soldados argentinos, científicos del CONICET relacionan sus líneas de estudio con algún aspecto de este fragmento de historia o de la geografía desde diversas disciplinas. 

Uno de ellos es “Los rostros y la savia de Malvinas”: un proyecto antropológico interdisciplinario liderado por la investigadora del CONICET del Centro de Investigaciones Sociales (CIS, CONICET-IDES), Rosana Guber, que se inició en septiembre de 2022 y cruza la antropología social, la arqueología, los estudios militares y la historia. En 2023, en el marco de este proyecto, se hicieron dos viajes que incluyeron la primera campaña arqueológica argentina en las Islas Malvinas, y que se llevó a cabo en dos montes en los que tuvieron lugar los combates de Mt. Longdon (11-12/6) y Mt. Tumbledown (13-14/6). 

En el transcurso de esta investigación, se llevó a cabo trabajo de campo etnográfico en el continente con veteranos de guerra y ex soldados, revisión de archivos institucionales y de asociaciones, análisis de imágenes y arqueometría, mapeo de puntos georeferenciados en terreno, reproducción de imágenes de construcciones por fotogrametría, modelados 2D y 3D, análisis cualitativo y cuantitativo de rasgos y estructuras del sitio, construcción de base de datos espaciales, y análisis de teledetección de ambos montes. Sumado a entrevistas, conversaciones, reuniones, revisión de reglamentos y manuales militares de época, material hemerográfico, redes temáticas, toda esta labor está permitiendo la redacción de una etnografía histórica, Monte Longdon: el combate definitivo de la guerra de Malvinas, que ya ha sido comprometida a una editorial de amplia circulación nacional e internacional. 

Este volumen será la primera reconstrucción integral de un combate internacional contemporáneo protagonizado por la República Argentina, desde la perspectiva de los distintos segmentos sociales que integraron las fuerzas armadas del país, según su rango, posición geográfica, arma, fuerza, especialidad e inserción en cada nivel de la organización militar. “Este cuadro integra la reconstrucción del combate propiamente dicho, con la reconstrucción de las condiciones de la estadía de casi dos meses que le antecedió (15/4 al 14/6/1982). Resulta de ello un panorama de gran complejidad que excede la organización castrense de entonces, para iluminar características del Estado argentino y su relación con la sociedad. Además, y por primera vez, se están utilizando imágenes de dron de la investigación para reproducir con impresoras 3D, escenas de tipo ´diorama´ vividas en el Monte”, comenta Guber. 

Asimismo, desde el campo de la rama de la oceanografía, el investigador del CONICET del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA) Martín Saraceno estudia desde hace muchos años la Corriente de Malvinas (CM): una corriente del océano que nace en las islas que le dan su nombre. La CM transporta hacia el norte masas de agua fría y muy ricas en oxígeno y nutrientes hasta toparse, aproximadamente a la altura de Mar del Plata, con la Corriente de Brasil (CB), mucho más cálida y salina. Es una corriente marina de crucial importancia para la región sudamericana por sus repercusiones sobre el clima, la pesca y los ecosistemas patagónicos. “Influye en el clima que sentimos en el continente, porque su flujo transporta el calor y la salinidad necesarios para mantener cierto equilibrio y redistribuir la energía solar que llega en exceso al Ecuador y en mucho menor medida a los polos”, advierte Saraceno. 

Para el científico, es necesario estudiar de cerca la CM ya que las variaciones en el clima están haciendo migrar la confluencia de la CB con la CM hacia el sur y se están haciendo más cálidas las aguas en la gran mayoría de la región. “Eso puede cambiar a futuro la dinámica de los ecosistemas de la región -dice-. Hay que ver, por ejemplo, qué especies pueden seguirse adaptando a estas nuevas condiciones y cuáles no, para lograr, entre otras cosas, un manejo sustentable de los recursos naturales del océano”. 

Además, desde el campo de la arqueología y la salud mental, un equipo de investigadores del CONICET pertenecientes al Equipo de Arqueología Memorias de Malvinas (EAMM), el Grupo de Estudios de Arqueología Histórica de Frontera (GEAHF) y el Centro de Estudios de Arqueología y Antropología del Conflicto (CEAAC) están llevando adelante, desde 2022, una experiencia pionera en Latinoamérica para evaluar el potencial terapéutico de la práctica arqueológica en torno a la salud mental de los veteranos de la guerra de Malvinas. Retomando experiencias similares desarrolladas en Europa y Estados Unidos, crearon el proyecto “Arqueología, veteranos de la guerra de Malvinas y salud mental” en conjunto con especialistas del campo de la salud mental del Centro de Salud “Veteranos de Malvinas” del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas que trabajan desde 2004 en la atención psicológica y psiquiátrica del stress postraumático de guerra que sufren nuestros ex combatientes. 

“Hasta el momento, hemos desarrollado cuatro primeras experiencias arqueológicas de campo junto a veteranos: tres de estas se desarrollaron en campos de batalla de Pavón, Vuelta de Obligado y La Verde, y una en el Fortín Miñana”, señala el historiador del CONICET Sebastián Ávila, uno de los coordinadores del proyecto. “Según señalaron los estudios realizados por profesionales de salud mental, luego de las cuatro experiencias desarrolladas los resultados preliminares arrojan que los síntomas depresivos y ansiosos se mantuvieron estables o disminuyeron desde el principio de las campañas al final de las mismas. El valor de la experiencia puede calificarse como positiva desde el punto de vista terapéutico ya que varios participantes manifestaron que esta experiencia contribuyó a su bienestar, conocer nuevos compañeros, hablar de sus emociones fuera del ámbito de lo que implica para ellos ser veterano de guerra y sentirse más comprendidos, lo que demuestra que las tareas arqueológicas podrían contribuir a promover la capacidad de contener, regular, resignificar la experiencia y dar sentido a las emociones”, advierte. Los resultados preliminares de este estudio serán publicados próximamente en una revista científica.

Fuente: CONICET

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