La lengua: expresiones mutantes de la cultura en los entornos virtuales
El lenguaje estructura nuestro modo de habitar el mundo, como lo percibimos está íntimamente relacionado con como lo nombramos. Desde que los humanos nos comunicamos unos con otros hemos establecido consensos que nos permiten entendernos, le dimos nombre a los objetos, llenamos de letras y palabras nuestra vida cotidiana y aprendimos no solo a nombrar lo visible y tangible sino aquello que se escapa a lo terrenal y se apoya en lo abstracto o metafísico. Las palabras fueron escritas en piedra, en papiros y en papel, fueron también dichas en idiomas extintos y vigentes. Esas lenguas mutaron con las sociedades que inventaron cosas nuevas. Así es como este ecosistema vivo de términos se expandió y continúa expandiéndose en la actualidad.
Aquello que ha ocurrido a lo largo de la historia hoy se ve afectado por el desarrollo vertiginoso de las tecnologías de la comunicación donde la mutación de los términos se expande y acelera. Las palabras ya no quedan circunscritas a los territorios porque son apropiadas por otros sujetos lejanos pero conectados. Según un reciente estudio publicado en la revista científica Ciencia y Reflexión, titulado El impacto de las redes sociales en la evolución del lenguaje, la inmediatez, la brevedad y la interacción constante, propias de las plataformas, ha favorecido el desarrollo de nuevas formas de comunicación. En estos espacios proliferan comunidades digitales que influyen en el uso y la evolución del lenguaje digital. Un lenguaje que pertenece a comunidades que interactúan a través de las diversas plataformas, que condicionan los términos que se utilizan al limitar el uso de ciertas expresiones a través de restricciones. La palabra escrita ahora está acompañada por la oralidad, el sonido, los emojis y las imágenes que enmarcan y redefinen lo dicho, habilitando nuevos códigos comunicativos propios del entorno digital.
Yasaca Pilco, Alcívar Sosa, Pérez Loor, Malavé Beltran y Almeida Marín, autores del artículo, recuperan un debate actual que se pregunta por las transformaciones del lenguaje en entornos virtuales. Espacios que potencian una comunicación entre sujetos que recurren a términos específicos para expresarse, contribuyendo a la proliferación de abreviaciones o neologismos. Esto representa un nuevo desafío que implica repensar la enseñanza del lenguaje y la formación de competencias comunicativas integrales.
A través de entrevistas a jóvenes de entre 16 y 25 años, el estudio identificó que la mayoría de los usuarios utilizan un lenguaje simplificado en redes, omitiendo tildes, puntuación y conjugaciones verbales incompletas. Entre las abreviaciones más utilizadas en comentarios y publicaciones en TikTok e Instagram se encuentran: xq, tmbn, bn, k, q y xd. Junto a los emojis, gifs y hashtags, a través de los cuales expresan emociones, intenciones o matices, constituyen un nuevo código que representa una forma rápida y eficiente de comunicarse para los usuarios. Los entrevistados también reconocen que emplean expresiones con doble sentido para eludir restricciones algorítmicas y evitar censuras en las redes, evidenciando una adaptación activa a las reglas impuestas por las plataformas. La ironía, el doble sentido o el lenguaje clave son grandes aliados para eludir restricciones algorítmicas.
Según los autores, estas transformaciones en las expresiones responden a una semiótica digital compartida a nivel mundial. El lenguaje utilizado en redes sociales presenta gran dinamismo, flexibilidad y adaptación, factores que lo diferencian significativamente del lenguaje tradicional. El uso cada vez más frecuentes de anglicismos como cringe, random, spoiler o términos como stalkear, likear o googlear, generan nuevas formas verbales híbridas que los jóvenes utilizan al atribuirles una mayor precisión semántica.
En este fenómeno se refleja, la influencia del inglés como lengua franca digital, dominante en estos entornos, y el cambio actual que estamos atravesando en relación a la intencionalidad comunicativa y a los tonos discusivos utilizados. La expansión de estos modismos deja en evidencia que actualmente los límites de las palabras están determinados por los alcances de las plataformas, que cruzan fronteras y ponen en tensión las categorías de tiempo y espacio.
Las redes sociales constituyen un espacio privilegiado para la innovación lingüística y la creación de nuevos códigos expresivos. En estos entornos digitales los cambios no ocurren de manera unilateral, los hablantes modifican sus formas de comunicación adaptándose a formatos, lógicas y limitaciones al mismo tiempo que condicionan las prácticas lingüísticas. Las redes sociales no son meros canales sino agentes activos en la evolución del lenguaje. Por este motivo, los autores proponen desarrollar una sociolingüística expandida que considere la incidencia de factores tecnológicos en la producción y circulación del lenguaje. Entendiendo que la lengua es un sistema vivo, plástico y permeable que se transforma a partir de su diálogo con las tecnologías y las dinámicas sociales que emergen de sus usos.
