Periodismo y comunicación de las ciencias

Periodismo y comunicación de las ciencias

Ideas del Litoral cumple cinco años, la misma fecha que se celebra el día del periodismo. 

Nos encontramos en la denominada «sociedad del conocimiento», un término que alude a cómo los saberes de las ciencias y las tecnologías atraviesan la organización política, económica y cultural actual. Desde las pautas de higiene cotidianas hasta las macropolíticas para enfrentar el cambio climático o la pobreza estructural, los saberes expertos impregnan cada rincón de la vida.

Esta centralidad del saber experto convive paradójicamente con uno de los mayores desafíos de nuestra era: la proliferación sistemática de la desinformación. En este ecosistema degradado, el periodismo científico y la comunicación pública de las ciencias no son meros ejercicios de difusión ilustrada; constituyen verdaderos aportes a la democracia y a la emancipación social.

Características y puntos en común

El periodismo y la comunicación pública de las ciencias comparten la misión de derribar la «asimetría epistémica» -esa brecha real que se ensancha a medida que el conocimiento especializado se aleja del sentido común-, sin embargo poseen dinámicas institucionales y profesionales diferentes.

El periodismo se inscribe dentro de la lógica de los medios de comunicación. Su motor es la rigurosidad informativa, la actualidad, el interés público y, fundamentalmente, el sentido crítico. Su tarea implica investigar, contrastar fuentes, contextualizar los hallazgos e indagar los intereses económicos o políticos que financian el desarrollo tecnocientífico.

Por su parte, la comunicación pública de las ciencias abarca un campo más amplio y heterogéneo. Se refiere a las actividades impulsadas tanto por periodistas como por personas expertas, comunicadoras e instituciones -universidades, centros de investigación, entre otras- orientadas a compartir y motivar la participación ciudadana en la ciencia. 

Más allá de sus diferencias de origen ambas convergen en un principio ético fundamental: el conocimiento es un Derecho y un bien común. Buscan contribuir al empoderamiento ciudadano y al fortalecimiento de la democracia. En un mundo donde poseer conocimientos vuelve a la ciudadanía más participativa, a los países más fuertes y a las empresas más competitivas, compartir las ciencias es una forma de combatir la desigualdad política y socioeconómica. 

Hacia la construcción de una cultura científica

La comunicación pública y el periodismo especializado apuntan a la construcción de una cultura científica. Tradicionalmente, se ha tendido a evaluar el nivel de esta cultura en función de cuántos datos, fórmulas o conceptos técnicos es capaz de retener una persona. Sin embargo esa perspectiva resulta incompleta y anacrónica.

Construir cultura científica es, fundamentalmente, compartir un modo de pensar e interpretar nuestro mundo. Implica aproximar a la ciudadanía a la actividad científica, mostrando que el conocimiento no es un dogma cerrado ni una verdad incuestionable nacida en un laboratorio aislado, sino un proceso humano, colectivo, metódico, en constante revisión y cercano a nuestra experiencia diaria. Comprender cómo se valida un dato, cómo se contrasta una hipótesis y la importancia del consenso científico, asimismo, entender que la actividad experta es también social, política y económica. Todo esto son aportes para que una comunidad sea crítica y este preparada para combatir la desinformación. 

En tiempos de infodemia, esta dimensión de la cultura científica se vuelve un imperativo de supervivencia democrática. Por un lado, hace frente al problema de las fake news. La desinformación prospera allí donde faltan herramientas para evaluar la evidencia. Una sociedad formada no acepta respuestas mágicas ni titulares sensacionalistas de forma automática, por el contrario, cuestiona  la información, indaga las fuentes y exige argumentaciones sólidas. 

Por otro lado, genera autonomía para la toma de decisiones públicas e individuales: Los grandes debates de la agenda regional y global -desde las estrategias de salud colectiva y la gestión ambiental hasta el desarrollo energético y productivo del litoral- están atravesados por la dimensión tecnocientífica. Sin acceso comprensible a ese conocimiento, las personas quedan excluidas de las discusiones o expuestas a la manipulación. La cultura científica fortalece y empodera la ciudadanía, permitiéndole participar activamente en las decisiones que impactan en su territorio.

En definitiva, el periodismo y la comunicación de las ciencias no se limitan a «traducir» lo que pasa en los laboratorios; su verdadera potencia radica en su capacidad para tejer esta cultura científica en el entramado social. Al hacerlo, transforman el conocimiento especializado en un lenguaje compartido, en una herramienta de emancipación intelectual y, fundamentalmente, en un pilar indispensable para la defensa de la vida democrática.

Comunicación y periodismo frente a la desinformación

La pertinencia de la comunicación y el periodismo se vuelve evidentemente necesaria cuando analizamos fenómenos recientes como la crisis sanitaria producida por el Covid-19. Durante la emergencia, la ciencia ocupó el centro de la agenda pública, pero este fenómeno estuvo acompañado por una masiva infodemia, es decir, la circulación planificada de información errónea y malintencionada que puso en riesgo vidas humanas.

La desinformación prospera allí donde la ciencia es percibida como un dogma lejano, elitista o corporativo. Cuando el periodismo de ciencias y las instituciones públicas fallan en democratizar el acceso al proceso científico, se profundizan las desigualdades. Los sectores más vulnerados sufren el doble impacto de la falta de información de calidad y el desinterés sistémico por resolver sus problemáticas locales.

Por ello, pretender fortalecer la cultura científica, el empoderamiento y la autonomía comunitaria es una acción política. Implica comprender que el conocimiento no es homogéneo ni neutral, y que la ciudadanía tiene el Derecho de reclamar el acceso y participar de los debates científico-técnicos que afectan su vida.

Cinco años construyendo cultura científica 

Celebrar cinco años de Ideas del Litoral es conmemorar la resistencia de la palabra crítica frente al ruido ensordecedor de la desinformación. En un contexto global que tiende a la mercantilización y concentración de los conocimientos, sostener un espacio para la reflexión, la cultura y las ciencias es un acto de soberanía intelectual.

El periodismo científico y la comunicación pública de las ciencias no son un lujo académico; son un Derecho. Apostar a ello es confiar en que una sociedad informada, capaz de apropiarse críticamente de los conocimientos de su época, es un camino posible para una democracia real, inclusiva y equitativa.

Andrés Wursten